4.6.13

Camino de Santiago

Imatge extreta d'aquí

Espíritu de sacrificio para llegar a una meta. Eso es lo que me sugiere el camino de Santiago.

Miro a los peregrinos y los veo sudorosos, algunos con lágrimas en los ojos por el dolor de sus pies, otros simplemente cojean y reducen el paso haciendo así sus etapas interminables. 

¿Y yo? Yo no creo en el sacrificio, al menos no así. Yo también sudo y me canso ¿y eso no es acaso un sacrificio? Quizás.

Me pregunto cuántos de los peregrinos se sacrifican por un Dios Todopoderoso y cuántos simplemente por cabezonería, por querer demostrarle a alguien que pueden hacerlo. ¿Quizás a ellos mismos? 
¿Y yo? ¿Qué es lo que me ha traído aquí? ¿El aura mística de los caminos? ¿Demostrarme a mi misma que sí puedo? ¿Demostrárselo a alguien?

No paro de ver peregrinos cojos. Con sus chanclas de descanso paseándose por su final de etapa. Y me preocupan. O me intrigan. ¿Por qué, para qué, este sufrimiento?

Ya misma también cojeo. Se avecina una tendinitis en la ingle (en los músculos abductores) y el único remedio, lo sé, es el reposo.

Entonces, ¿qué pretendo?
Supongo que intentar que intervenga una fuerza sobrenatural que se encargue de liberar tensión en mis abductores para poder llegar mañana al final de la siguiente etapa.

¿Y así cada día? Supongo. Hasta que me canse del sacrificio. Hasta que entienda que quizás una retirada a tiempo sea una victoria.

[Post escrit a Los Arcos, mentre realitzava el camí de Santiago....]